Emprender en regiones: por qué cada vez más chilenos eligen salir de Santiago

por qué cada vez más chilenos eligen salir de Santiago

Durante décadas, la lógica implícita del emprendimiento chileno fue que para que un negocio funcionara en serio, tarde o temprano había que pasar por Santiago. La capital concentraba los clientes, los inversionistas, los proveedores y, sobre todo, los contactos. Esa lógica está cambiando, y los datos lo reflejan de forma cada vez más clara.

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Los números que muestran otro mapa

Según la VIII Encuesta de Microemprendimiento del Ministerio de Economía e INE, el 57,8% de los microemprendedores chilenos vive fuera de la Región Metropolitana. En términos absolutos, son más de 1,2 millones de personas que desarrollan actividades productivas en las otras 15 regiones del país. La RM concentra 892.726 microemprendedores —el 42,2% del universo nacional—, pero el peso del emprendimiento regional es mayoritario cuando se mira el conjunto.

Lo más significativo no es el volumen, sino las tendencias: el emprendimiento fuera de Santiago ha crecido impulsado por factores que antes no existían o eran mucho más limitados: conectividad digital, trabajo remoto, acceso a plataformas de venta en línea y programas de fomento con presencia regional.

Qué ventajas reales tiene emprender fuera de Santiago

El costo de instalación es la ventaja más obvia. Arriendo de locales, costo de vida del emprendedor, salarios de mercado en regiones y gasto logístico local son en general menores que en la capital. Eso permite que un negocio llegue al punto de equilibrio con una estructura de costos más liviana, lo que reduce el riesgo en las etapas iniciales.

Hay también una ventaja competitiva que se suele subestimar: menos competencia directa. Muchos rubros que están saturados en Santiago tienen espacio en regiones. Un servicio de diseño digital, una productora de contenido, un servicio de mantención industrial o una empresa de logística de última milla puede encontrar en una ciudad regional un mercado menos disputado y clientes más dispuestos a pagar por calidad cuando la alternativa es importarla desde la capital.

El rol de la conectividad y el comercio digital

El despegue del comercio electrónico cambió la ecuación de raíz para los negocios regionales. Un emprendedor en Temuco, Copiapó o Puerto Montt puede vender a todo el país desde su taller o bodega, con las mismas plataformas de pago y despacho que usa cualquier negocio capitalino. La brecha que antes imponía la distancia geográfica se ha comprimido significativamente para productos físicos y casi desaparece para servicios digitales.

Los desafíos que persisten

El entusiasmo por el emprendimiento regional no puede ignorar las dificultades reales. La informalidad es más alta fuera de Santiago: por cada 100 emprendedores en regiones, 53 operan sin formalización tributaria, frente a 48 en la capital. Eso refleja acceso más limitado a contadores, asesores tributarios y oficinas del SII en territorios más dispersos.

La infraestructura logística también es un talón de Aquiles. Los costos y tiempos de despacho desde regiones extremas pueden complicar la competitividad en el mercado nacional. Y el acceso a capital de riesgo sigue siendo desproporcionadamente metropolitano: la mayoría de los inversionistas ángeles y fondos privados siguen concentrados en Santiago, aunque programas como Startup Chile y el Expande de CORFO han hecho esfuerzos concretos por llegar a regiones.

Programas pensados para el emprendimiento territorial

CORFO tiene presencia regional a través de sus direcciones regionales y opera programas como el Expande, que entre 2022 y 2025 apoyó 464 proyectos en todo el país con más de $14.574 millones en cofinanciamiento. SERCOTEC también opera con oficinas en cada región y adapta sus convocatorias a las realidades locales. La clave para un emprendedor regional es entender que los programas existen, pero que la postulación exige documentación ordenada y un proyecto con fundamento, igual que en Santiago.

El discurso de la descentralización ha avanzado en el ámbito político, pero los cambios concretos en infraestructura, financiamiento y ecosistemas de apoyo siguen siendo lentos. El emprendedor regional que está creciendo hoy lo hace mayoritariamente a pesar del sistema, no gracias a él, con una capacidad de adaptación que la encuesta EME describe como notable pero que todavía no recibe el respaldo institucional que merece.

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